Una gran sala iluminada se divide
en 42 cabinas consecutivas. En cada cabina hay dos personas que no se conocen
de nada hablando cara a cara separadas por una mesa de 60 cm.
Cada cuatro minutos, al oír una bocina, las personas se levantan y
se desplazan a la siguiente cabina, allí se encuentran con una nueva persona.
Se generan encuentros a partir del aislamiento. La mayoría de la gente no para de hablar, pocos se marchan, algunos disfrutan de hasta 20 encuentros. La gente pide agua gritando, los tímidos se lanzan a partir de la cuarta persona y arrancan a hablar, la gente pregunta «¿qué has hecho hoy?», «¿dónde has ido de vacaciones este verano?», «¿a qué te dedicas?», «¿cómo te llamas?».
A las 12 de la noche 200 personas habían pasado por allí, unas
se habían quedado más tiempo que otras, todas se habían
enfrentado a la situación de tener a alguien mirándote a la cara
esperando a que le digas algo.